Lo simbólico en Canterbury tales [1]

Geoffrey Chaucer nació en 1328. Probablemente el primer gran poeta británico, fue el principal artificie del subsanamiento de las divisiones socioculturales de la antigua Bretaña a través del discurso. En sus versos consiguió aliar la lengua elevada, hablada por los nobles, proveniente de Francia, y la lengua del pueblo, ingeniosa y ligera en sus formas expresivas. No por esto fue un poeta del populacho, su contexto lo demarca en los convulsos tiempos de la corte de Edward III. Luego de un breve pasaje por la Universidad de Cambridge consiguió ser recomendado a los previos del rey, que en 1359 lo embarcó en la invasión de Francia, en la cual fue hecho prisionero por alrededor de un año. Después de firmado el tratado de la gran paz, volvió a Inglaterra. A partir de este momento pasó su tiempo entre rentas fijas, el matrimonio, la composición de poemas y misiones diplomáticas. Una de estas lo llevó a Italia, en donde pudo acercarse a los textos de Petrarca y Bocaccio. Con el paso del reinado a Richard segundo inician algunas penurias económicas y sociales para Chaucer, que con repetidos embates, debilitaron su composición física y emocional. A pesar de esto, se cree que en el vacío biográfico que comprende el periodo 1391-1393, lo avocó al retiro y la composición de su obra capital The Canterbury tales. Con la llegada del duque de Lancaster al trono se restauran sus posiciones, las cuales podría disfrutar por poco más de un año, ya que muere en 1400.

Siguiendo la tradición que formaba Bocaccio en el Decamerón, Chaucer utilizó una estructura de jornada, aunque menos rígida y con mayor número de narradores. Las temáticas están más diluidas y las narraciones adquieren un carácter orgánico que raya en lo contestatario. Al Igual que el latino, hace uso del tono bajo, chabacano, e incluso soez en ocasiones, por esta razón, los Canterbury tales  pueden ser leídos como un ejercicio paródico crítico de muchos de los lugares comunes de la sociedad del momento, también se les puede leer como una mera burla, pero hay que recordar que en los cuentos está presente un resabio pedagógico que tiende a la moraleja. Dentro del espacio pedagógico podemos encontrar elementos propios de la tradición simbólica fuertemente enraizados, es este un aspecto que adquiere relevancia si damos cuenta del valor  fundante que tienen en gran parte las obras de Chaucer [2].

Lo simbólico puede ser leído dentro de dos niveles, desde los narradores y la metaficción. Para el primero de estos resulta enormemente ilustrativo el prólogo general, que permite realizar un pareo de la figura arquetípica con los planos de significación profundos. En el segundo nivel (la narración propiamente dicha) es necesario dar cuenta de elementos precisos que lleguen a ampliar o incluso modificare el sentido de la lectura inicial.

El primer narrador es el caballero. Este se presenta de forma bastante magnánima, bravo, humilde y buen cristiano. Algo que resulta especialmente relevante de la descripción de este es la ansía de peregrinación. Un hombre de tantas batallas, según un instinto meramente fisiológico su primera pulsión debería ser el descanso y el rencuentro con el hogar; sin embargo, lo que este desea es peregrinar. El peregrino es el hombre en busca de conocimiento, y el acto de peregrinar en la tradición medieval es en primer lugar un ejercicio de reunión cúltica; también es un viajante entre ciudades, que pasea desde la ciudad de abajo (la de los hombres) y la de arriba (de los santos [4]. El caballero por sí mismo añade a esta concepción al simbolizar un ímpetu de combate y la espiritualización del mismo, ligándose indisolublemente al valor religioso, el cual es apuntalado en la figura del patrón de los caballeros, San Miguel. También puede circunscribirse este peregrinaje como búsqueda de conocimiento a la tradición artúrica del graal.

Otra figura con relevancia simbólica es la del mercante, limpio y extranjero, vestido ricamente, con espíritu aventurero y nómada, de mente habilidosa y buena reputación (es, sin embargo un adeudado). Este actúa en el mercado, que puede ser entendido como el espacio  ritual de las sociedades secretas. La moneda se relaciona al ámbito del empleo, y desde este se convierte en un recurso simbólico para el control y modificación de leyes. Estas ejercían en la antigüedad un mecanismo de autoridad espiritual sobre la ley  (en especial las monedas galas). Este elemento adquiere relevancia desde su cuento, en el cual se ponen en tela de juicio las nociones de hecho fáctico, frente a lo que se es capaz de probar. Así, el mercante adquiere un cariz extrañamente arribista en la obra, pone en juicio el decoro, la hombría y la fidelidad; y desde su caracterización esboza un espacio de reacción ante el sistema jurídico social británico. El hecho de que se mantenga indeterminado (sin nombre), lo coloca también como una suerte de sombra que se cierne exóticamente y sin espavientos sobre la obra. El nombre es aquello que permite aprehender o poseer al ser desde un nivel mágico espiritual, aquello que no tiene nombre es una suerte de inmanencia irrefrenable. En la tradición céltica-druida (tan íntimamente ligada a las producciones literarias de la época) el nombre determina una función virtud o circunstancia.

En nivel simbólico metaficcional es necesario limitar las descripciones de argumento a la visión más general posible para la concreción del juego simbólico en su estado más puro.

En la narración del caballero se presenta el tema de la justicia y los códigos de honor ligada a la fortuna. Un rey guerrero de la tradición clásica toma prisioneros luego de la conquista a dos jóvenes emparentados y los encierra en una torre. Estos desde el cautiverio se enamoran de su hermana y se juran mutuamente no poseerla. Con el paso del tiempo ambos escapan y se acercan a la fémina en cuestión. Mientras ambos la espían, terminan dando cuenta de la presencia del otro, se insultan por sus faltas y traban combate, al tiempo que el rey que les había hecho prisioneros los detiene. Se pacta la realización de una ceremonia (suerte de justa) a plazo de un año, en esta el vencedor resulta ser el primero que se enamora de la joven, gracias a el designio favorable de la fortuna. El otro, desdichado, a pesar de tener reciprocidad amorosa inicial con la prelada, es muerto, también por designio divino. Habiendo determinado un marco referencial general se hace posible detenerse en los detalles de relevancia simbólica. El amante asesinado es el primero en conseguir el desembarazo de la prisión, el segundo, se mantiene en esta por un periodo de 7 años este número corresponde al  después de un ciclo consumado, es la renovación positiva. También influye en vida y movimiento, e incluso en las divinidades; la totalidad dinámica y el paso a lo desconocido. Resulta una suerte de resumen del arco que llevara a cabo el sujeto. El encuentro entre los jóvenes espías se realiza en un jardín. En primer lugar es el paraíso terrenal, la representación de la virtud inmaculada de la hermana del rey; para los griegos es un elemento de lujo importado de Asia; es la expresión del deseo puro y la ansiedad ligadas a la sexualidad femenina. A esto se agrega la batalla y el desenvainamiento de las espadas, elemento fálico y ruptural que es apaciguado por el rey hermano. Con la realización de los juegos se demarcan otra serie de elementos profundos. El fuego se liga a los ritos iniciáticos previos al combate, fungia como vínculo entre los planos etéreo y ctónicos, aúna también a la búsqueda de unión con el otro. Permite unir, a través de su aparición en los ritos de purificación a los ritos funerarios del joven sin fortuna, cuya pira arde por tres días. El tres se relaciona con la concreción de un nuevo estadio, ligado usualmente a una acción bélica

Lo simbólico, desde la narración profundiza, especialmente desde el sentido religioso, la encarnación de los contenidos que se esboza superficialmente en el argumento plano.

En el cuento del mercader se narra una dialéctica tristeza felicidad que hace síntesis en el acto matrimonial. En la cual se hace un juego onomástico con las divinidades. El personaje central, Enero (Jano) y su nueva mujer Mayo (Bona dea o maya; también se refieren a ella en la narración como Venus). En ambos casos resulta paródico. Este Jano muestra que sus dos caras son, por un lado la lujuria incontrolable, y por el otro la imposibilidad de consumarla debido a su vejez; mientras que Mayo, cuyo nombre refiere a la diosa romana con la fertilidad, la castidad y la salud, se encarga de engañar al marido con su propio escudero. El ultraje ocurre en un jardín (tomando las significaciones sexuales del anterior cuento y agregando la noción de locus amenus en la que Jano pasa a ser el guardián/ descubridor), y es perpetrado gracias una llave (elemento fálico que se inserta en la cerradura y a su vez permite la entrada al jardín). Por último, el acto se consuma en un árbol (refiere al paraíso perdido y el pecado original; el árbol es también un símbolo fálico, que al tener frutos, representa la juventud y fuerza vital del escudero, en oposición a la senectud de Enero).

[1] Se limitara la exposición a dos narradores y sus cuentos debido a la inabarcabilidad de la obra con respecto al numero de narradores y el acervo simbólico, que generarían tanto un corpus como un producto final de extensión excesiva a las características del formato de presentación.

[2] En este aspecto muchas fuentes biográficas y críticas lo relacionan con Homero a causa de la indeterminación de su lugar de nacimiento, que llevó a que muchas poblaciones quisieran hacerlo propio.

Chaucer, G. (1476). The Canterbury tales. Editorial: Penguin Classics. Herder. País: Estados Unidos.

Chevalier, J. (1969). Diccionario de los símbolos. Editorial: Herder. País: España

El Elogio de la Locura, de Erasmo de Rótterdam, y El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo.

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Erasmo de Rótterdam, originalmente llamado Geert Geertsz, y Nicolás Maquiavelo fueron autores contemporáneos. El primero nacido en Rótterdam, Holanda, vivió entre 1466  y 1536, y el segundo en Florencia, Italia, de 1469 a 1527. A ambos, entonces, les tocó vivir la etapa del Renacimiento, que comenzó en Italia y pronto se expandió por toda Europa, alcanzando los Países Bajos y dejando plasmada su influencia también ahí.

Tanto Rótterdam como Maquiavelo fueron hombres de su tiempo e impulsores del humanismo, además de haber sido precursores cada uno de importantes movimientos de gran trascendencia en el pensamiento universal moderno.

El Renacimiento rompe la tradición de los escritos místicos predominantes, el oscurantismo y el geocentrismo, mostrando al ser humano como el centro de todo y al mismo tiempo exhibiéndolo como lo que es, un ser con virtudes y defectos, con penas y glorias. Las obras de escritores como Rótterdam y Maquiavelo desencadenaron  un proceso de revaloración de los hábitos de una civilización que  buscaba en el Renacimiento de las Humanidades y las Artes nuevas respuestas y una salida de los  difíciles siglos de feudalismo moral e ideológico.

La filosofía política enjuicia los hechos políticos desde una perspectiva filosófica incluyendo el análisis de los principios políticos desde un punto de vista ético. Los fundamentos de la filosofía política han variado a través de la historia. Así para los griegos la ciudad era el centro y fin de toda actividad política. En el Medioevo toda actividad política se centra en las relaciones que debe mantener el ser humano con el orden dado por Dios. A partir del Renacimiento la política adopta un enfoque básicamente antropocéntrico, y es precisamente ahí y entonces que tanto las ideas políticas del Elogio de la Locura como de El Príncipe cobran gran importancia.

Erasmo de Rótterdam es considerado por muchos como el más grande humanista del Renacimiento y el escritor más elegante y agudo de su tiempo. Abierta su mente a todas las cuestiones y erudito ingenioso, Erasmo es un precursor del espíritu moderno. Su ideal fue únicamente ético: reforma gradual y pacífica de la Iglesia y la sociedad civil, hasta conseguir una sociedad humanizada, donde el hombre pudiera desarrollarse al máximo. Sus ideas dieron origen al movimiento erasmista. El escrito de su pluma que hoy nos ocupa, el Elogio de la locura, es una sátira a las costumbres retrógadas y un canto a la libertad, al ingenio, a la rebeldía, al atrevimiento.

w240_u90Nicolás Maquiavelo por su lado, trabaja en la historia de las ideas políticas y marcó con su Príncipe una nueva manera de enfocar el modo de gobernar, basado en la realidad de los hechos y en la naturaleza humana. También él fue un escritor de obras más bien literarias, como su obra de teatro La Mandrágora. Pero su paso a la historia se lo dio definitivamente El Príncipe.

Entre El Elogio de la Locura y el Príncipe existen paralelismos marcados y también diferencias muy grandes. Ambas obras fueron dedicadas a personajes famosos: Erasmo, siendo amigo de Tomás Moro, le dedica su Elogio de la locura, mientras que Maquiavelo dedica El Príncipe a Lorenzo II de Medici.

El propósito específico de cada una de las obras era distinto. El Elogio de la Locura está lleno de paradoja y sarcasmo con el cual el autor no solo se propuso divertir sino lanzar un llamado de carácter ético religioso a sus contemporáneos. El Príncipe, por su parte, no es estrictamente una obra literaria sino un tratado de doctrina política escrito por Maquiavelo con el propósito de ganarse el favor de Lorenzo II de Medici, al instruirlo para ser un gobernante exitoso que pudiera unificar los distintos reinos de Italia.

El tono utilizado en cada una de las obras es muy diferente. Rótterdam usó un tono irónico y jocoso, a ratos burlón y a ratos sentencioso pero siempre divertido, valiéndose de la estrategia de dar voz a la Locura, que señala, acusa o aconseja:

Elogio de la Locura, Capítulo LV: Si reflexionase sobre estas cosas, y muchas más del mismo orden, y reflexionaría, si fuese sensato, no tendría sueño ni banquete deleitable. Pero con mi ayuda dejan en manos de los dioses todos esos cuidados, no se ocupan sino en vivir muellemente y sólo dejan llegar a sus oídos a quienes saben hablar de cosas divertidas para que no sea turbado por un momento su ánimo. Se imaginan que cumplen intachablemente el deber real con cazar constantemente, tener hermosos caballos, vender en beneficio propio los cargos y las magistraturas y aplicarse a encontrar medios nuevos de apoderarse del dinero de los vasallos y llevarlo a su tesoro. Así, para cubrir con la máscara de la justicia sus iniquidades, resucitan viejos títulos y de cuando en cuando añaden algún halago al pueblo para tenerlo en su favor.” Elogio-de-la-locura-1

Capítulo XXXVI: Los príncipes, empero, aun viviendo en el seno de tanta dicha, o de lo que pretende serlo, me parecen desgraciadísimos, porque carecen de ocasión de escuchar la verdad y porque están obligados a tener a su lado aduladores en vez de amigos. Dirá alguien: «Pero es que los oídos de los príncipes aborrecen la verdad y por la misma causa rehuyen a los sabios, puesto que temen que no salga alguien demasiado liberal que se atreva a decir cosas ciertas en vez de cosas placenteras». Cierto es, la verdad es desagradable a los príncipes, pero ello viene por modo admirable en auxilio de mis necios, puesto que de ellos escuchan con placer no sólo verdades, sino hasta francos insultos, cuando las mismas palabras, proferidas por un sabio, serían materia de condena a muerte; en cambio, dicho por un necio resulta en increíble contento.”

Maquiavelo por su parte, utilizó en El Príncipe un tono formal, como de expositor de temas de historia o meramente de instructor que explica estrategias. El texto parece mucho más un manual técnico que una obra literaria como El Elogio de la Locura:

El Príncipe, Capítulo II: Pasaré aquí en silencio las repúblicas, a causa de que he discurrido ya largamente sobre ellas en mis discursos acerca de la primera década de Tito Livio, y no dirigiré mi atención más que sobre el principado. Y, refiriéndome a las distinciones que acabo de establecer, y examinando la manera con que es posible gobernar y conservar los principados, empezaré por decir que en los Estados hereditarios, que están acostumbrados a ver reinar la familia de su príncipe, hay menos dificultad en conservarlos que cuando son nuevos. El príncipe entonces no necesita más que no traspasar el orden seguido por sus mayores, y contemporizar con los acontecimientos, después de lo cual le basta usar de la más socorrida industria, para conservarse siempre a menos que surja una fuerza extraordinaria y llevada al exceso, que venga a privarle de su Estado.

Una similitud fundamental que tienen El Elogio y El Príncipe es que ambos rechazan el papel tan exagerado que tiene la Iglesia en los asuntos de Estado. Rótterdam critica directamente a los prelados de la Iglesia:

El Elogio de la Locura es la primera manifestación dentro de la literatura europea, de la separación entre inteligencia laica y visión eclesiástica del mundo. Por su parte, la contribución del maquiavelismo surgido de El Príncipe y que resultó fundamental para la doctrina política europea, fue la separación de la ciencia política de la moral y la religión, ocasionando en la práctica una separación Iglesia-Estado. Maquiavelo se sorprende y no deja de discurrir acerca de cómo la Iglesia ganó tanta fuerza frente a los gobernantes civiles, y dedica todo el capítulo XI de El Príncipe a explicar las causas de esto

Tanto Rótterdam como Maquiavelo hacen en sus obras una denuncia de los vicios de la sociedad y los gobiernos en su época, pero la de Rótterdam es más directa:

Elogio de la Locura, capítulo LXI: En resumen, adondequiera que vuelvas los ojos, entre pontífices, príncipes, jueces, magistrados, amigos, enemigos, mayores o menores, todos se desviven por los bienes materiales…

Maquiavelo, en cambio, sólo se refiere directamente al estado lamentable de las cosas en el momento en que presenta su obra en la dedicatoria a Lorenzo II, diciendo de su conocimiento:

“Tal conocimiento sólo lo he adquirido gracias a una dilatada experiencia de las horrendas vicisitudes políticas de nuestra edad, y merced a una continuada lectura de las antiguas historias. Y luego de haber examinado durante mucho tiempo las acciones de aquellos hombres, y meditándolas con seria atención, encerré el resultado de tan profunda y penosa tarea en un reducido volumen, que os remito.”

Puede apreciarse entre El Elogio a la Locura y El Príncipe una diferencia fundamental: mientras que Rótterdam en varios pasajes dice expresamente cómo deberían ser las cosas y critica cómo son, Maquiavelo resalta cómo son de acuerdo a su experiencia y deja a un lado el cómo deberían ser desde el punto de vista ético, para enfocarse en el modo en que el gobernante necesita actuar para fortalecerse en el poder. Hay prácticamente un solo caso en que Maquiavelo expresa un verdadero juicio ético, arguyendo que el príncipe debe incurrir en hacer el mal cuando este mal evita un mal mayor.

Además de la significación que ambas obras pueden tener en el campo de la filosofía política, tanto Rótterdam como Maquiavelo tuvieron gran trascendencia en la cultura occidental y dejaron una huella enorme en otros campos. Las ideas de El Elogio de la Locura dieron pie para que Miguel de Cervantes escribiera la obra cumbre de la literatura española, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, obra que de por sí rebasó los límites del ámbito literario y se permeó en todas las manifestaciones de la cultura en general. Maquiavelo y sus ideas también viajaron a través de distintos ámbitos, a lomos de un sustantivo: maquiavelismo, y de un adjetivo: maquiavélico, de uso general en prácticamente todos los idiomas.

 

Por Andry R. Padilla C.

 

Fuentes Consultadas:

Versión en archivo pdf. de Elogio de la Locura de Erasmo de Rótterdam

Versión en archivo pdf. de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo

http://www.correodelmaestro.com/anteriores/2004/julio/libros98.htm

http://es.shvoong.com/humanities/h_philosophy/moral-theory/1711825-elogio-la-locura/

http://es.shvoong.com/books/8078-elogio-la-locura/

http://es.shvoong.com/books/satire/1680668-elogio-la-locura/

http://www.paginasobrefilosofia.com/html/Maquiavelo/Premaqui.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Maquiavelismo

http://es.wikipedia.org/wiki/Raz%C3%B3n_de_estado

La vida de Savonarola

savonarola

     Girolamo María Francesco Matteo Savonarola fue un dominico italiano nacido el 21 de septiembre de 1452 en el municipio de Ferrara. Además, gracias a la gran popularidad que fue ganando en su labor como predicador, aunque no agradó del todo a los florentinos, pasó a ser un abad en la orden de los religiosos dominicos; esto, muy probablemente, gracias a la influencia de su abuelo Miguel, un médico que sintió gran atracción por distintos planteamientos religiosos.

     Tras la muerte de su abuelo, Girolamo pasa a estudiar medicina, sin embargo, opta por dejar de lado esa rama de los estudios debido a que era mayor el interés que le causaban los escritos de filósofos como Platón o Aristóteles. De igual forma, estudió a figuras de gran importancia como Santo Tomás de Aquino. La base de sus discursos giraba en torno a los ideales de desposeimiento, la flagelación que causaba la corrupción de la moralidad y las pretensiones de placer en el entorno de la iglesia oficial.

     Durante su vida, tuvo contacto con el rey de Francia, Carlos VIII, debido a que este último, queriendo ocupar tal cargo en cuanto a Nápoles, decidió entrar por Florencia. Savonarola, entonces, lo tomó como un enviado celestial que debía poner orden en el clero que él consideraba como impuro. Dado esto, y a las duras críticas que realizaba el dominico hacia Lorenzo de Médici, se logra la expulsión del gobernante y el triunfo de Carlos VIII. De esta forma, Florencia pasa a ser una República Democrática fundamentada sobre condiciones religiosas.

CARLOS VIII

     Los ideales de Savonarola fueron materializándose gracias al nuevo rey, pues ambos ordenaron la persecución de homosexuales y la prohibición de bebidas alcohólicas o de elementos que tuvieran un carácter banal o pecaminoso: libros eróticos y profanos como los de Petrarca y Bocaccio, espejos, cosméticos, perfumes, ropa indecente, escritos seculares, instrumentos musicales, cuadros como los Botticelli, etc. Estas medidas trajeron, a su vez, la creación de la famosa hoguera de las vanidades, creada, precisamente, para quemar todos los objetos confiscados. Tal uso de la fuerza se fue extendiendo por toda Florencia gracias a Savonarola y su búsqueda de redirigir a los ciudadanos hacia las costumbres sencillas y la vida austera. Todo esto lo acompañaba con diferentes profecías que calaban de gran manera entre las personas que las escuchaban.

     Todas las acciones ejercidas por el nuevo gobierno tuvieron una reacción: el surgimiento de los enojados, quienes, sin embargo, no tuvieron mucho éxito y fueron derrotados. Así, pues, los franciscanos pasaron a ser los mayores opositores a Girolamo debido a que su iglesia fue perdiendo adeptos.

hoguera de las vanidades

     Tiempo después, el papa Alejandro VI intenta apaciguar el ánimo del fraile ofreciéndole el cargo de Cardenal, cosa que fue rechazada de inmediato, pues Savonarola siguió atacando a este y a su familia acusándolos de incestuosos. Con estas acciones, el papa no tuvo más opción que excomulgar al fraile de la iglesia y amenazó a todos los habitantes con el hecho de prohibir los sacramentos e impedir la bendición y entierro de los fallecidos, lo que causó gran revuelo y miedo en la población.

     Tras todo lo ocurrido, Savonarola toma la decisión de volver a la Catedral de Florencia y así busca demostrar la invalidez de su excomunión. En este intento, agrede de manera más enfática al poder papal valiéndose de su comunicación con distintos reyes y expresando que el papa que había en curso era un no cristiano que usó el dinero para hacerse con la Silla de Pedro.

     Los planes de Girolamo fueron prácticamente anulados por completo tras la muerte de su mejor aliado: Carlos VIII. Tras este suceso, el fraile intentó continuar ejerciendo su poder adjudicándose un don celestial, no obstante, esto fue aprovechado por la orden franciscana que lo invitó a probarse caminando encima del fuego y, aunque en un principio uno de sus aliados se ofreció a hacer la prueba, al final nada resultó, se canceló el acto y casi todo el pueblo fue en contra de Savonarola. De esta forma, la mentira quedó invalidada y, tras el asalto al convento de San Marcos, fue arrestado junto a Domenico de Pescia. Ya en la prisión, fue sometido a distintas torturas durante las cuales confesó que sus profecías eran totalmente inventadas y muchos de sus discursos o sermones ni siquiera alcanzaban a tener fundamento.

     Finalmente, el 23 de mayo de 1498 fue declarado como hereje y llevado a la horca. Una vez muerto, su cadáver, junto al de otros condenados por esta causa, fue llevado a una hoguera. Sus cenizas fueron arrojadas en el río Arno y, al final, los Médici volvieron a recuperar el gobierno de Florencia.

Referencias Bibliográficas

http://www.mgar.net/var/savonaro.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Lorenzo_de_M%C3%A9dici

https://es.wikipedia.org/wiki/Girolamo_Savonarola#Biograf%C3%ADa

http://www.infocatolica.com/blog/puertadedamasco.php/1010051248-savonarola-un-profeta-imprude

Williams Linares

La aplicación moderna de la pirámide de Freytag o cinco actos isabelinos

Al momento de pensar o concebir una estructura narrativa[1] para el desarrollo de cualquier tipo de historia en términos generales (novelas, cuentos, cómics, teatro, cine, televisión o videojuegos), tendemos a caer dentro del paradigma clásico propuesto hace ya más de dos milenios por Aristóteles: la estructura lineal en tres actos; formada por el archiconocido planteamiento de un inicio, un desarrollo y un cierre, es la forma que se concibe como más natural al momento de desarrollar cualquier narración. Este modelo es de hecho, el que con mayor facilidad se amolda a las inquietudes de aquellos que perciben y producen narrativa a la par que es el más cómodo y global de ejecutar, en palabras del propio Aristóteles: “Algo completo es aquello que cuenta con un comienzo, un medio y un cierre”[2]. El genio griego pensaba que una tragedia debía de imitar (la mimesis griega[3]) un hecho o acción completa, hasta el punto en que esta sea cerrada de forma definitiva; esto último significa que los eventos planteados dentro de la narración, deben de verse continuados o sucedidos por otras tantas situaciones dramáticas que completen en planteamiento original, ya sea por probabilidad o bien, por necesidad (cerrando de forma intencionada o casual la cadena de eventos); toda esta sucesión de acontecimientos y accidentes, llevara al protagonista, a enfrentarse al nudo, aquel problema que se planteó en un principio y que en las inmediateces de la obra (los tres actos) debería de encontrar una solución.

Para agregar efectos dramáticos o de tensión a este último aspecto del ejercicio narrativo, Aristóteles propone que toda obra ha de contar con dos grandes partes que, a nivel macro, condensan incluso los tres actos ya previstos: la complicación y la solución; en la primera, el protagonista empieza a verse cara a cara con los problemas que se desencadenan al revelarse el nudo, mientras que en la solución, las complicaciones sorteadas son resueltas y el nudo se “desenreda”.

“La fábula, en nuestro presente sentido del término, es simplemente esto: la combinación de los incidentes, o sucesos acaecidos en la historia; mientras que el carácter es lo que nos incita a adscribir ciertas cualidades morales a los protagonistas, y el pensamiento se advierte en todo lo que ellos dicen cuando prueban un aspecto particular, o quizás enuncian una verdad general.”[4]

     Con ello en mente, el autor de la Poética, propone que toda gran obra dramática ha de contar a su vez con dos tipos particulares de escenas: la inversión –aquellas escenas que fungen como una pinza o giro de tuerca para con la acción desarrollada y propulsan los sucesos y eventos en una nueva dirección[5]– y el reconocimiento –en donde el protagonista se ve afectado por una revelación o cambio significativo en su carácter-. De hecho, dentro de las tragedias, los conflictos o complicaciones en el viaje del protagonista, surgen desde sus propias tribulaciones internas, sus conflictos y fallas o errores de caracteres (la hibris[6], entendida no como desmesura, sino como el error trágico de los héroes).

Toda esta visión construida desde la intuición creadora de los antiguos saberes griegos, terminaría por configurar un paradigma prácticamente inamovible dentro de las estructuras dramáticas, hasta el punto en que muchos críticos y estudiosos del hecho narrativo en sí, lo terminarían por adoptar como una poética bastante cómoda y sencilla al momento de narrar un hecho; un ejemplo de esto último es Syd Field[7], quien no se limitó exclusivamente al planteamiento de la “aventura” dentro del espacio de los tres actos, sino que incluso llego a plantear la duración más correcta o adecuada de cada acto de la historia, sugiriendo que el planteamiento y el desenlace debían de durar una cuarta parte de la acción total, mientras que el nudo, el grueso de la historia, su desarrollo, debía de durar la mitad de la misma –aunque la duración resulta que en la actualidad esta sujeta no solo al formato en que se narre, sino también a los intereses del propio autor-. De igual forma, Field establece que dentro de la estructura usual de los tres actos, se encuentran integrados otros dos elementos adicionales, los cuales él denomina como “puntos argumentales”; hechos que cambian radicalmente el sentido de las acciones ejecutadas hasta el momento. El primero de estos puntos, sería el detonante (ubicado en el inicio o planteamiento) y corresponde a la presentación del desafío o problema que quiebra las leyes del universo originalmente planteadas y que representa el verdadero inicio de la acción dramática, mientras que el segundo “punto argumental” se encuentra situado al final del desarrollo y se trata de la acción particular que catapulta la historia hasta el clímax o cierre (el momento culminante de la narración). La función particular de estos dos elemento (según Linda Seger[8]) es la de provocar efectos dramáticos que no se limiten exclusivamente a la situación ficticia, sino que se extrapolen y generen una sensación de riesgo también en cuanto refiere al espectador (esto último al cambiar la dirección de la narración y exigir una toma de decisiones al protagonista, a la par que introduce el próximo acto).

Ahora bien, con los puntos y características fundamentales de la estructura clásica de las representaciones dramáticas establecidas, resulta fundamental hacer mención por igual al hecho de que a pesar de que este modelo de tres actos se supone un paradigma inamovible y prácticamente atemporal al momento de contar una historia, no se supone en ninguna instancia de un canon o alguna suerte de regla fija para constituir una historia (como si se tratara de algún requisito para constituir la narración), sino que más bien refiere a una forma en que es más sencillo, tanto para el espectador como para el productor y el crítico, de digerir, exponer y producir una obra narrativa (sin hacer distinción de género alguno); no se piensa tampoco como un modelo para la historia en sí o sus personajes y ese es el motivo por el que la estructura clásica no se debe ejecutar en términos literales, puesto que más bien se supone un modo de leer la historia, interpretarla –siendo que bien puede contar con una estructura dramática radicalmente diferente-.

A partir de esta noción es que empiezan a constituirse nuevas visiones del funcionamiento interno de un drama y como este mismo se haya constituido. Se potencian las capacidades creativas de los narradores y storytellers por medio de nuevos paradigmas al momento de pensar en la estructura dramática y que son en sí, versiones alternativas al modelo clásico de los tres actos de Aristóteles y la visión planteada por Field; prueba de ello son el Jo-ha-kyū y el Kishōtenketsu, arreglos o formas argumentales usadas en el oriente antiguo para trabajar las narraciones heroicas. Empero, para nosotros, en el occidente moderno, resulta más cercano y fácil de entender la estructura planteada por el dramaturgo y novelista alemán, Gustav Freytag: el drama en cinco partes[9].

La pirámide de Freytag (como también es conocida la estructura de los cinco actos) se supone una extensión del formato clásico de los tres actos aristotélicos, expandiendo la división argumental en cinco partes diferenciadas no solo en cuanto a su denominación, sino también por su función dentro de la propuesta y la organización de la obra; estas parte vendrían a ser: la exposición, la acción in crescendo, el clímax, la acción en caída y el dénouement.

En primera instancia, contamos con el fragmento de la historia en donde se nos es introducido el universo en que se desarrollaran los futuros eventos: sus leyes, sus acontecimientos, el contexto general y la información que podría ser útil para la audiencia. Esta exposición (valga la redundancia) puede ser lograda por medio de diálogos, hechos retrospectivos (flashbacks), detalles de fondo, pensamientos o soliloquios de los protagonistas o incluso, mediante la propia acción del narrador. A continuación, dentro de la acción en alza, se nos van presentando diversos y variados elementos que concluirán en la construcción del punto de mayor interés en la trama. Se suponen la serie de eventos que se dan de forma inmediata a la introducción o exposición del mundo y que ayudan a construir el clímax. Estos eventos, tienden a tener una relevancia mayúscula dentro de la historia debido a que la totalidad de la trama depende de ellos; no solo a la hora de elaborar el clímax, sino porque también es gracias a ellos que se desprende una solución satisfactoria para el conflicto planteado (y de esta manera, la obra).

El clímax es el punto de giro dentro de la historia planteada, es el hecho que cambia el destino o fatum del (o los) protagonistas. Este se caracteriza por la mayor cantidad de suspenso.[10] Todo esto nos lleva al cuarto acto: la acción en caída, donde generalmente en los dramas, el conflicto entre el protagonista y su rival (el antagonista), se ve resuelto -no siempre en términos favorables para el héroe-; aquí, se hace énfasis en los giros de tuerca y en cuestiones aún sin resolver que son reveladas, a la par que se suele recurrir a momentos de tensión o suspenso con el fin de poner en entredicho el conflicto final y su resolución.

Finalmente, hemos llegado al dénouement, en donde se comprenden los eventos que van desde el final de la acción en caída hasta el cierre definitivo de la obra. Aquí, los conflictos se ven resueltos, permitiendo a los personajes restantes establecer un sentido de normalidad y de catarsis para el lector (usualmente identificado no con un aprendizaje moral, sino con la liberación de una tensión acumulada, aunque bien que se puede aprender una lección). Aquí todos los nudos son atados y las cuestiones que no se habían resuelto anteriormente, encuentran su desenlace[11].

Este nuevo formato o percepción de la obra dramática se tornaría especialmente popular dentro del continente europeo una vez alcanzada la modernidad y más aún, con la puesta en escena del teatro isabelino -conjunto de obras dramáticas escritas durante la hegemonía de Isabel I de Inglaterra y de Jacobo I[12]-, siendo las más celebres y populares (no solo en ese entonces, sino también en nuestra era contemporánea), las múltiples obras escritas por el afamado dramaturgo, William Shakespeare, a quien de hecho, podemos atribuirle la prolongación de la estructura dramática en cinco actos o pirámide de Freytag hasta nuestros días, en vista de que la totalidad de sus grandes dramas y comedias, se encuentran encapsulados en torno a este medio para organizar su narrativa; desde “Romeo y Julieta” hasta “Como gustéis”, todas las obras del genio inglés se encuentran fundadas y concebidas desde la visión de un drama en cinco partes, el cual si bien, llega al mismo fin de la estructura clásica y aristotélica (permitir el desarrollo organizado de una historia), sí supone un tono y sensación diferente para con la obra, a la par que como herramienta de escritura, le permite al dramaturgo construir narraciones que se suponen más interesantes o previstos de emoción que las desarrolladas en el formato clásico.

Prueba de ello –de la pasión de Shakespeare por este formato-, es la obra clásica «Macbeth«, la cual podemos ver fácilmente dividida en cinco actos en el siguiente diagrama:

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Fig. 1: Ian McKellen y Judi Dench como Macbeth y Lady Macbeth respectivamente en una de las representaciones contemporáneas más celebres de la obra de Shakespeare: «Macbeth» de 1979.

     De tal forma, grandes obras de la literatura universal en el horizonte cultural de occidente («Hamlet«, «Rey Lear«, «Sueño de una Noche de Verano«), difundieron la concepción de la pirámide de Freytag y constituyeron un modelo que si bien, no alcanzo ni por asomo la popularidad y el uso de la estructura clásica en las obras continentales (entiéndase Europa y a posterior América), sí que fue bien recibida por los estudiosos y críticos del hecho narrativo, quienes alimentaron esta estructura hasta la llegada de la era contemporánea, donde, con la aparición y masificación de las artes audiovisuales (el cine, la televisión y los videojuegos), se renovó el formato de los cinco actos como una herramienta creativa que permitía innovar en el aparato del storytelling; prueba de ello es que son múltiples los guionistas, correctores o estudiosos del tema, que aseveran que dentro del mundo audiovisual, una gran cantidad de obras son pensadas y organizadas en torno a cinco actos (en lugar de tres), lo cual no solo supone una herramienta para el escritor en cuestión, sino también para la totalidad de la producción –que en estos términos abarca muchísimo más que el simple hecho escriturario-.

Un gran ejemplo de esto último lo encontramos en la superproducción del año 2012 de la Marvel Comics: «Los Vengadores«; una cinta que desde su planteamiento, nos presenta una trama que sería muy difícil e incómodo enmarcar en torno a tres actos y que muy por el contrario, encuentra un aire de sencillez a la par que de complejidad, al ser abordada en cuanto refiere a la estructura isabelina; de hecho, resulta que al comparar la estructura de la cinta superheroica con la presenta por Aristóteles en su Poética, el análisis que podemos suministrarle al filme resulta bastante vago, en cuanto si bien, el primer y el tercer acto cumplen con sus respectivas funciones (sentar las bases de la historia al presentarnos a los héroes y cerrar el ciclo a estos derrotar al villano de turno –Loki-, respectivamente), lo cierto es que en cuanto refiere al segundo acto, muchas cosas se dan en lo que refiere a acción y profundidad, tanto así que incluso, con los correspondientes puntos de giro, es insuficiente aun esta estructura para explicar todo lo que sucede en «Los Vengadores«. En cambio, si aplicamos el modelo propuesto por Gustav Freytag en su “Técnica del drama”, encontraremos que se alinea de forma más natural y sencilla a lo propuesto en la cinta de Marvel.

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Fig. 2: Los Vengadores originales en la cinta del mismo nombre de Joss Whedon (2012), se unen para hacer frente a la amenaza del ejército de Loki.

     El primero de los actos, la exposición, se nos revela cuando empezamos a tomar conciencia del mundo en que estamos: se nos presenta a Loki y su plan para hacerse con el dominio del planeta Tierra, a la par que se nos introduce a nuestros héroes y las reglas con las que estos deben moverse dentro de este universo (la magia, lo poderes extraterrestres, S.H.I.E.L.D., entre otros puntos). A continuación, tenemos la acción en ascenso, en donde una vez que nuestros héroes (Iron Man, Thor, Capitán América, Hulkla Viuda Negra y posteriormente, Ojo de Halcón) se ha juntado, estos rastrean a Loki, lo enfrentan y lo capturan, conduciendo a la construcción de tensión dentro de la historia, donde se señala el siguiente paso a seguir, sumado a que se definen las personalidades de los protagonistas y su error trágico como grupo (sus diferencias superan su deseo de reprender a Loki). Escalamos entonces al clímax de la historia –que como ya vimos, no supone el acto final de nuestra historia sino el desarrollo máximo de conflicto dentro de la obra y el punto en que los protagonistas deben de tomar las decisiones que les conducirán a una victoria segura o a su derrota-, en donde, una vez apresado Loki y retenido en el Helicarrier, el conflicto interno de nuestros héroes (que fue presentado en el segundo acto) alcanza sus máximas cuotas, creando la máxima tensión posible, la cual explota cuando el antagonista (ayudado por sus aliados), escapa. Esta sección conduce a una primera derrota para nuestros héroes y los pone en la difícil situación que supone tomar una decisión frente al problema: trabajar en equipo o permitir que sus diferencias conduzcan a la perdición de la tierra.

Ahora los protagonistas han de reaccionar a las consecuencias del clímax y en eso consiste el cuarto acto: la acción en caída. Los héroes ponen a un lado sus diferencias y se preparan para hacer de su derrota, una victoria segura –dan una vuelta de tuerca a su situación-; para el final de este acto, ya son un súper grupo (Los Vengadores). Finalmente: el último acto, el dénouement o resolución, donde el conflicto se cierra (ya sea por medio de la caída de los héroes o su victoria), lo que sucede cuando Los Vengadores –ya convertidos en un equipo-, hacen frente a la totalidad de las hordas de Loki, siendo puestos a prueba y superando a las mismas. Finalmente, nuestros héroes se separan y envían a Loki bastante lejos (Asgard) donde no podrá volver a dañar a la humanidad -hasta la próxima cinta-.

De tal forma, el modelo de Freytag se acopla de forma ideal a la cinta de Joss Whedon, acoplando a la cinta dentro de la estructura isabelina de los cinco actos, la cual empero, no es en lo absoluto un patrón estático para el desarrollo de una historia, sino que se supone más bien una herramienta para un tratamiento más profundo de la narración; de hecho, lo cierto es que sí superponemos la estructura aristotélica a la película de la Marvel, esta se amolda bastante bien al desarrollo de la cinta, algo que explica John York:

“Es importante subrayar que una estructura en cinco actos no es realmente diferente de una en tres actos, tan solo es un modelo más detallado (…) en términos simples, los cinco actos son generados por poner dos actos adicionales en el segundo acto de la estructura tradicional de Hollywood. El primer y segundo acto se mantienen íntegros e iguales.”[13]

     Así, usar una fórmula de cinco actos, satisface los requerimientos del paradigma aristotélico, a la par que permite un acercamiento más detallado y completo en el punto medio o desarrollo de una historia y la primera mitad de su cierre. No se busca volver a la obra en cuestión un ejercicio paradigmático, sino brindar un apoyo al creador y al crítico (que también puede ser un espectador) a la hora de organizar la acción que este presencia –la cual debemos recordar, ha de ser orgánica, no simulada-.

Luis F. Castañeda Duran

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[1] La estructura narrativa es el esqueleto de cualquier narración: las partes de la que está formada.

[2] De hecho, muchos de los principios propuestos por Aristóteles dentro de su Poética, siguen siendo vigentes a día de hoy dentro de la gran parte de la comunidad o concepciones de los storytellers modernos –aunque lo cierto es que dentro de los análisis del polímita griego, lo que nos ha llegado en su totalidad, son los estudios o reflexiones que este realizo en torno a las Tragedias-.

[3] Es un concepto estético. A partir de Aristóteles se denomina así a la imitación de la naturaleza como fin esencial del arte. Se diferencia del concepto de “representación” principalmente en la naturaleza de su mecánica, donde la mímesis se resiste a la comparación con el referente y a convertirse en algo equivalente al original.

[4] ARISTÓTELES, “La Poética”. Grecia, siglo IV antes de Cristo, pág. 10.

[5] Las reversiones deben ocurrir como una causa necesaria y probable de lo que sucedió antes, lo que implica que los puntos de inflexión deben configurarse de manera adecuada.

[6] Es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo).

[7] Fue un guionista estadounidense. Publicó varios libros sobre la creación de guiones y condujo talleres y seminarios sobre cómo redactar libretos rentables. Los productores de Hollywood han utilizado sus ideas sobre la estructura para potenciales guiones.

[8] Es una consultora norteamericana en guiones.

[9] La pirámide de Freytag puede ayudar a los escritores a organizar sus pensamientos e ideas cuando describen el problema principal del drama, la acción ascendente, el clímax y la acción descendente.

[10] Si la historia es una comedia y las cosas iban mal para el protagonista, la trama comenzará a desarrollarse a su favor, a menudo requiriendo que el protagonista dibuje fuerzas internas ocultas. Si la historia es una tragedia, ocurrirá el estado de cosas opuesto, con cosas que van de bueno a malo para el protagonista, a menudo revelando las debilidades ocultas del protagonista.

[11] Aquí, son desentrañados los aspectos más complejos de la trama.

[12] El período isabelino no coincide cronológicamente en su totalidad con el Renacimiento europeo y menos aún con el italiano, mostrando un fuerte acento manierista y Barroco en sus elaboraciones más tardías.

[13] YORKE, John. “Into the Woods: A Five-Act Journey Into Story”. Estados Unidos, 2013, pág. 60 (traducción).

Shakespeare en el arte

A pesar de que las obras creadas por William Shakespeare pertenecen a la Europa del siglo XVI y XVII, la mayor parte de las pinturas que se tienen a día de hoy con respecto a los textos de este autor se remontan a siglos posteriores de la muerte del mismo (a inicios del siglo XVII); por tanto, estas representaciones se guían por los parámetros frecuentados de los movimientos artísticos del continente europeo entre el siglo XVIII y el siglo XIX, por esta razón es que, dependiendo del caso, las obras puede contar con elementos muy diferentes entre sí.

Se puede iniciar con uno de los personajes que más representaciones ha recibidos en la pintura con el paso de los años, Ofelia, perteneciente a Hamlet; en el caso de la obra pintada por Eugene Delacroix en 1838 para representar la muerte de la misma se puede observar cierto movimiento exagerado por parte del personaje que es un rasgo bastante típico de este autor; del mismo modo, se puede observar que todo el espacio que rodea al protagonista del cuadro conserva tonalidades oscuras, esto último es una característica propia del Romanticismo que se utiliza para que el aspecto emocional del personaje se vea reflejado en el paisaje.

Ofelia de Eugene Delacroix

Ofelia de Eugene Delacroix (1838)

En un período de tiempo cercano John Everett Millais también realiza la representación de esta misma escena en el año de 1852; sin embargo, se pueden observar diferencias notables entre ambos cuadros ya que el de Millais muestra menos movimientos y en cambio dirige el esfuerzo a darle una mayor expresividad; al mismo tiempo, mientras que en el cuadro de Delacroix se centra en que los colores del paisaje sirvan para demostrar lo siniestro de la escena, el de Millais realiza esto utilizando el simbolismo de las plantas tales como las amapolas ligadas en varios casos a la muerte.

Ofelia de John Everett Millais

Ofelia de John Everett Millais (1852)

Con respecto a Hamlet también se pueden comentar las pinturas de Henry Fuseli que principalmente trabaja con la interacción del personaje protagonista con el espíritu de su difunto padre, una característica que se puede observar de este autor es que enfoca la luz de forma en que los personajes sobresalen por el contraste que presentan con respecto al paisaje, de igual modo se puede observar un enorme dinamismo en los personajes y en el caso de la obra que pintó en 1780 se puede notar la creación del equilibrio a través de las figuras geométricas que se forman por los elementos de la pintura tales como el padre de Hamlet que al fijarse en él se puede trazar mentalmente un triángulo.

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Hamlet y el fantasma de su padre de Henry Fuseli (1780)

Henry Fuseli trabajó con personajes de otras obras de Shakespeare como es el caso de las tres brujas que se encuentran en la obra de Macbeth, en la representación que hizo de ellas en 1783 los personajes se muestran en primer plano señalando en la misma dirección y cerca de sus manos se encuentra una mariposa negra que refiere a las profecías de muerte que estas realizan, posteriormente vuelve a representarlas y en este caso se mantiene esta temática cuando las brujas señalan a una cabeza cercenada, en el cuadro antes mencionada Henry Fuseli vuelve a crear el equilibrio antes mencionado, pero, en esta ocasión utilizando a las tres brujas para formar el triángulo.

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Las tres brujas de Macbeth de Henry Fuseli (1783)

Las tres brujas de Macbeth de Henry Fuseli

Las tres brujas de Macbeth de Henry Fuseli

En 1827 Alexandre Marie Colin elabora una representación de las tres brujas de Macbeth en donde se puede sentir cierto efecto tenebroso y para reforzar esta idea podemos observar que una de las brujas se encuentra sujetando a una serpiente; dos años atrás Eugene Delacroix también representó a estos personajes concentrando la oscuridad en las brujas para que resalte la figura de Macbeth; los movimientos exagerados y las expresiones intensas típicas de este autor no se pueden encontrar en el protagonista, pero si en las tres brujas.

Las tres brujas de Macbeth de Alexandre Marie Colin

Las tres brujas de Macbeth de Alexandre Marie Colin (1827)

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Las tres brujas de Macbeth de Eugene Delacroix

Con respecto a la obra de “El Mercader de Venecia” no se suelen observar muchas representaciones famosas de la misma en la actualidad; en cambio, durante este siglo sí fueron bastante frecuentes las pinturas cuya temática es la de Romeo y Julieta; ¨Julieta¨ de Waterhouse es una representación del personaje que se creó a finales del siglo XIX y que, a pesar de mostrar cierto gusto por el detalle, conserva algunos de los elementos que caracterizaron al Impresionismo en Europa.

Julieta de John William Waterhouse

Julieta de John William Waterhouse (1898)

Existen dos escenas de Romeo y Julieta que se suelen representar de forma habitual, estas corresponden a la despedida de estos personajes y a la muerte de los mismos; en ¨El Último beso de Romeo y Julieta¨ de Francisco Hayes se puede observar una gran fijación por los detalles tanto en la vestimenta de los personajes como en el resto de los elementos del escenario; Ford Madox Brown pinta en 1870 la misma escena, pero desde otra perspectiva, en este caso ya los personajes no se encuentran en la habitación sino que se despiden en el balcón; pese a que este cuadro se acerca más al Impresionismo cuenta con la característica romántica de que el paisaje refleja ese estado anímico extasiado de los personajes; en el cuadro se hace cierta alusión al desenlace trágico de los amantes al presentar un cuervo, ave ligada a malos augurios en el simbolismo de varias culturas, que observa a la pareja en su momento de felicidad.

El Último beso de Romeo y Julieta de Francisco Hayes

El Último beso de Romeo y Julieta de Francisco Hayes

Romeo y Julieta de Ford Madox Brown

Romeo y Julieta de Ford Madox Brown (1870)

La otra escena que se representa frecuentemente corresponde a lo antes mencionado del final trágico de la pareja; durante el transcurso de 1860 Ferdinand Piloty pinta ¨Romeo y Julieta¨ en donde se muestra el momento en que Julieta despierta para encontrar a su enamorado muerto, en el cuadro se puede observar el uso que se le da a la luz para enfocar y hacer destacar a los personajes mientras que el paisaje queda en un segundo plano; Diebolt representa esta escena, sin embargo, él muestra una mayor expresividad en los personajes, un factor típico en el Romanticismo.

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Romeo y Julieta de Ferdinand Piloty (1860)

Romeo y Julieta de Diebolt

Romeo y Julieta de Diebolt

Después del siglo XIX también se han realizado muchas representaciones artísticas de las obras de Shakespeare, sin embargo, estas no generaron el mismo impacto que las que se presentaron a partir del siglo XVIII ni reciben el mismo tratamiento que las que se han presentado aquí.

Freddy Pérez

C.I: 27994315

Bibliografía

Figura femenina en el Renacimiento.

La feminidad o femineidad se entiende como el  conjunto de características físicas, psíquicas o morales que se consideran propias de la mujer o de lo femenino, en oposición al ideal masculino. El concepto de feminidad también se ha desarrollado como «ideal de feminidad« en el sentido de un patrón o modelo deseable de mujer.

La mujer, con el paso de los años, ha logrado ser una figura cada vez más activa dentro de la sociedad. En la antigüedad, el hombre y la mujer, debido a la anatomía de cada uno, y las circunstancias en las cuales vivían, tenían un rol establecido que cumplir: el hombre cazaba, daba de alimentar y lideraba a la tribu, y la mujer se dedicaba a recolectar frutos y cuidar a sus hijos. Esta perspectiva de los roles de género se fue heredando a través del tiempo y la mujer siempre fue  considerada inferior al hombre.

Hasta el siglo XVIII, la mujer era mirada a través de una perspectiva aristotélica, es decir, subyugada por el hombre. “El macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad.” (Aristóteles, Política, 1254b, 13-15). A través de estas palabras, podemos apreciar cómo Aristóteles creía en la mujer como una persona sumisa al hombre, en lo cual se basan los ideales del Renacimiento en torno a esta, como una figura servil y fiel.

Durante la edad media, es más acentuada la visión de la mujer como un ser inferior, por culpa de la religión. Y esa visión socio-cultural no comenzó a disolverse hasta el Renacimiento, donde se tomó a la mujer como ejemplo de pureza y honestidad, pero todavía con ausencia de derechos sociales.

El comienzo de la búsqueda de la belleza se encuentra en el Renacimiento, período que abarcó entre el siglo XV y el siglo XVIII, caracterizado por ser la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, por su antropocentrismo y la reivindicación de aspectos de la cultura clásica greco-romana

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Hombre de Vitruvio, dibujo de Leonardo da Vinci, expresión del canon estético renacentista

En el Renacimiento se retoma la idea de que la belleza se encuentra en la búsqueda de la armonía, simetría, proporción y equilibrio. La belleza femenina se basaba en el arte griego unido al ideal clásico de mujeres con cintura pequeña, caderas grandes y voluminosas y rostro joven y dulce, pues el ideal de mujer se basaba en una figura a la que se aspiraba llegar a ser. Este era casi irreal debido a que se pretendía tener a una mujer que imitara la pureza de la Virgen, dedicada al hombre y a las labores de la casa.

A diferencia del ideal de mujer que existía en la época, surgió otra figura importante en torno a la mujer, que contradecía todo lo que se planteaba sobre esta, pues era rebelde y liberal: la mujer cortesana. En el renacimiento hubo una cierta elevación de la mujer cortesana, como por ejemplo, en Italia y en Venecia. Estas lograron traspasar de a poco la barrera que las separaba de los hombres, y consiguieron educarse en las materias más importantes, pues  al no ser mujeres “dignas” según la sociedad, y como no habrían de crear familia por un largo tiempo, debían hacerse valer y conseguir trabajo a través de otros medios, pues para llamar la atención de un hombre no era suficiente la belleza, por lo que instruirse en variadas materias se hizo necesario para tener éxito. El trato que se les daba y la libertad de la que gozaban era profundamente envidiado por sus similares más “decentes”, donde sus funciones exclusivas seguían siendo la procreación y la satisfacción del hombre. Estas mujeres estaban inmersas en un mundo intelectual elevado, a comparación de sus pares, pero además estaban sumidas en un mundo erótico, hedonista, donde las artes de la sexualidad no pasaban desapercibidas. Frecuentemente se les adjudicaba la figura de Eva, como mujer sensual, pecaminosa, que se rebelaba contra las reglas a las cuales estaba sostenida, y que por ende, llevaba al pecado.

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Retrato de Verónica Franco,
Tintoretto 1575.a leyenda

Siendo las cortesanas la excepción, la educación no era algo habitual para el común de las jóvenes europeas. Las familias nobles se limitaban a educar a sus hijas para que estas tuvieran la capacidad de ayudar a sus maridos a administrar sus tierras. Las mujeres eran educadas y conducidas por los varones, pues eran responsables de su educación. Apelando al libro “La perfecta Casada”, de Fray de León, en este se hacen exigencias y recomendaciones, y por ende limitaciones, de lo que una mujer debía o no leer, y cualquier otro tipo de literatura que se alejara de lo dicho ahí, llevaría al pecado: La Biblia principalmente, pero también textos de literatos como Cicerón, Séneca, entre algunos más eran los aconsejados para la lectura de las mujeres.

De todas formas, como en todas las épocas, siempre hay figuras que se rebelaron contra lo establecido, y el Renacimiento no es la excepción. Además de las ya comentadas cortesanas, que lograron hacer de sus talentos una profesión, viviendo de ello.

Un ejemplo de ello fue Christine de Pizan, nacida en Venecia, Italia, en el siglo XV. Recibió educación tal como una princesa, al ser parte de la corte francesa por motivos del trabajo de su padre. Creció en un ambiente intelectual, y como tal, comenzó a leer en grandes cantidades. Pasada su infancia, pasó de la poesía a los textos de tono político. Así, en el año 1405 sería publicada su obra “La ciudad de las damas”, la cual es la más reconocida, en ella defiende temas que curiosamente coinciden con asuntos contemporáneos, como la supuesta inferioridad física de la mujer, la justificación de la violación, como también temas que se ajustan más al contexto social en el que vivía, como  el impedimento  de participación política en la ciudad por parte de las mujeres, los matrimonios impuestos, entre otros.

He aquí un extracto de su libro “La ciudad de las damas”:  “(…) filósofos, poetas, moralistas, todos –y la lista sería demasiado larga– parecen hablar con la misma voz para llegar a la conclusión de que la mujer, mala por esencia y naturaleza, siempre se inclina hacia el vicio (…) No dejaba de sorprenderme que tan gran Obrero haya podido consentir en hacer una obra abominable, ya que, si creemos a esos autores, la mujer sería una vasija que contiene el pozo de todos los vicios y males. (…) Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado.” (de Pizan, Christine; “La ciudad de damas”, 1405)

También destaca, la Reina Isabel La Católica muy interesada en las letras, las artes y isabel-I-castillala cultura clásica, se convirtió en una gran difusora de las mismas, rodeándose de grandes humanistas como Antonio Nebrija, Alonso de Palencia y Pedro Martir de Anglería y comenzó una labor de educación no solo con sus hijas e hijos, sino de toda la corte. Así, en las crónicas de la época a menudo se mencionaba este cambio en la vida de la Corte de esta forma “”Jugaba el Rey, eramos todos tahúres, estudia la reina, agora todos somos estudiantes” (de Lucena, Juan “Epistola exhortaría de las letras”)

Contemporáneo a esto, y gracias al ambiente de promoción de la educación a mujeres, va a desarrollarse un grupo de mujeres humanistas a las que se les conoció como puella doctae, que traduce del latín como “las niñas sabias”. Las puella doctae eran mujeres que habían sido educadas desde la infancia en los saberes de la época independientemente de su sexo, y normalmente por iniciativa de unos padres intelectuales o de mentalidad abierta, versados a su vez en los diferentes campos del saber.

La figura femenina, representada en la época renacentista plantea el ideal de la mujer a la que se aspiraba llegar a ser: cuerpos redondeados, manos y pies finos, pechos pequeños y firmes, tez banca y mejillas sonrosadas, labios rojos, cabello rubio y largo, frente despejada y ojos grandes y claros.

El modelo de figura femenina renacentista, anteriormente reseñado, está plasmado en la diosa Venus, en El Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli.

En el cuadro se presenta una Venus Púdica que cubre su cuerpo con las manos y que más parece, por su piel marmórea, una estatua clásica que una pintura. Esta, arriba a la orilla sobre una concha (símbolo de la fertilidad), donde es recibida por otra mujer, la Hora, una ninfa que representa a la primavera, con su túnica floreada y que se dispone a cubrir la desnudez de Venus con un manto igualmente plagado de flores.

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Nacimiento de Venus y Primavera, Sandro Botticelli

En el cuadro se repiten multitud de elementos con respecto a La Primavera, del mismo autor; de nuevo la mujer idealizada como protagonista indiscutible, de nuevo una escena mitológica y un paisaje que alude a una naturaleza igualmente idealizada.  Además,  las mujeres de este cuadro comparten los mismos rasgos físicos; tez pálida, miradas lánguidas y largos cabellos dorados.  Sin duda alguna, las diosas y ninfas de Botticelli consiguen a la perfección encarnar el ideal platónico de la belleza pues, quizás por esas miradas melancólicas y distantes, pese a su belleza física, su curvilínea sensualidad, su erótica desnudez, acercan más los sentimientos del espectador a un sentimiento de amor puro y espiritual que a la mera pasión del amor carnal.

Por otra parte, a pesar de que la sociedad machista del Renacimiento es muy criticada actualmente, no se puede descontextualizar la ideología que reinaba en esta época. El machismo presente en la sociedad tenía una razón de ser, no fue un invento proveniente de la maldad masculina, sino que responde a antecedentes históricos en los que la época  primitiva había exigido a la sociedad tomar roles distintos entre el hombre y la mujer. De todas formas, a medida que se fue desarrollando la civilización, estos roles fueron mal entendidos, llevando a la superioridad de un sexo sobre otro, por lo tanto, la discriminación desmedida hacia la mujer no podría ser justificada, pero sí se puede entender su origen y desarrollo.

Si bien es cierto que a través de la historia la mujer nunca ha tenido un papel protagónico, en la época del Renacimiento, mientras el hombre se coloca como centro del universo dando lugar al humanismo, la mujer ocupa el mismo lugar de sumisión y obediencia. Sigue manteniéndose el binomio Virgen María–Eva, es decir, manejándose el punto de vista de la virtud frente al pecado.

Por Andry R. Padilla C.

 

 

Shakespeare y la música

Shakespeare y la música

    Todos podemos afirmar con total seguridad el legado colosal que dejó Shakespeare para el mundo de las artes a lo largo de los siglos y de cómo ha sido una de las inagotables fuentes de inspiración para artistas a lo largo del mundo para homenajear su memoria y reinterpretar las estéticas de sus obras. En algún punto de nuestra existencia, inevitablemente tendremos contacto con aquel espacio agridulce y melodramático del cual se apropió extensamente; y cómo los diferentes artistas, encuentran su propio lenguaje para participar en él. Uno de estos lenguajes es la música, la cual se encuentra relacionada estrechamente con Shakespeare tanto en su contexto histórico como en su propia obra.

    En primer lugar, el inglés tuvo su lugar dentro del reinado de Isabel I, que resultó en la edad de oro de la prosperidad de la nación británica. William Shakespeare, junto con otros autores, encontraron acojo dentro de su corte gracias a la pasión que tenía la monarca hacia las artes, en especial la música y la danza (esta última siendo un pasatiempo que practicaba personalmente). Las artes pertenecían en cierto sentido a la élite y a las personas que se permitían ser cultas, por lo que su reinado fue una época de exploración y de resemantización de las disciplinas y discursos, en especial las artes.

portada-John Dee realiza un experimento ante la reina Isabel I de Inglaterra. [Wellcome Images]   Shakespeare, en su naturaleza de dramaturgo, entendió un aspecto en particular gracias al contexto donde se desenvolvía. Como señala Alberto González «… el hecho de que la música es, por una parte, vehículo de la emoción, pero también imprescindible requisito teatral, y esto es lo que posibilita las profundas resonancias de sentimientos y pasiones en los personajes.» La relación intrínseca que se encuentra en sus obras entre la música y el teatro reside, más que todo, en la afectación que le puede causar al espectador (o lector). El dramaturgo conocía bien a su público (la corte), por lo que amaestró este elemento dentro de su repertorio, incorporando canciones de su autoría en las representaciones teatrales. Esto se encuentra en el llanto de Desdémona antes de su trágica muerte, en el acertijo teñido de añoranza que se encuentra en el canto del sirviente en el Mercader de Venecia, la ingenuidad y locura dentro de la canción de Ofelia… Todos estos logran estrechar el lazo efímero y frágil entre la obra y el público, y que logre captar la completa atención de este último dentro de las historias. El elemento de lo trágico, risueño y melodramático ha sido considerado parte esencial dentro del imaginario de Shakespeare, y un aspecto que se ha logrado acentuar en esencia dentro de musicalización de las obras. Esto también se complementa con la orquestración que solía acompañar a las obras, hecho que nos remite al teatro clásico y el uso del coro.

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Falstaff (producción de 2018)

    Cronológicamente, la influencia de las obras shakesperanas ha permeado en diferentes géneros musicales, empezando por las óperas. Compositores como Guiseppe Verdi y Wilhem Wagner fueron conocedores y estudiosos del repertorio del dramaturgo y consolidaron su fama gracias a sus reinterpretaciones de las obras, como es el caso de Verdi cuando compuso Falstaff (inspirada por un personaje tomado de Las alegres comadres de Windsor) en 1893, la cual le ganó el favor dentro de la corte británica y Otello alrededor de 1887, que lo situó de nuevo en las carteleras justo antes de su retiro. Wagner, por su parte, compuso en su juventud la ópera Das Liebesverbot (La prohibición de amar, 1836) basada en una de las comedias de Shakespeare, y fue su primera composición en ser representada en escenarios. Encontramos además las producciones de La tempestad hechas por Jacques Halévy (1850) y, posteriormente, Thomas Adès (2004). Inclusive se pueden considerar trabajos hechos fuera del género, como la interpretación musical hecha por David Guilmore, integrante de la banda Pink Floyd, e instrumentalizada gracias a Michael Kamen sobre el Soneto 18 alrededor de 2001 y 2002

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Dance of the Knights, de Prokofiev

    Dentro de la música académica se pueden considerar las composiciones creadas por Pyotr Tchaikovsky, que parten desde su versión de Romeo y Julieta (trabajo que estuvo reescribiendo en el período de 1870-1880), pasa por la obertura de Hamlet (1888) y la música incidental compuesta para esta misma en 1891 y termina en La tempestad (1873). Por otra parte, tenemos el ballet de Romeo y Julieta hecha por Serguéi Prokofiev al final de los años treinta del siglo pasado, específicamente en 1938, y música incidental para Hamlet alrededor de 1937 para una producción teatral. Ambos compositores logran crear diferentes perspectivas y motivos dentro de las obras que juguetean con las emociones en las escenas retratadas: Tchaikovsky se centra en captar el dinamismo y la punción emocional que guía a los personajes (como se puede apreciar en el Tema de Amor de la obertura de Romeo y Julieta), mientras que Prokofiev es enteramente cinematográfico, encargándose de construir escenas completas que complemente la escena que se presente (esto se nota claramente en la construcción sombría dentro del tema del Padre Fantasma de Hamlet) y sabe entrelazar los tonos que se tratan alrededor de la obra (como es el caso entre el Duelo entre Tibaldo y Mercutio en contraste con la Muerte de Tibaldo). En el caso de las comedias, está las aclamada obertura para Sueño de una noche de verano a mano de Felix Medelssohn, compuesta en torno a 1826, del cual ha dado origen a uno de los temas que ha trascendido hasta nuestros tiempos como lo es la Marcha Nupcial.

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West Side Story (1961)

    Enfocándonos en los tiempos contemporáneos tenemos la adaptación hecha por Arthur Laurents, Stephen Sondheim y musicalizado por Leonard Bernstein de la historia de Romeo y Julieta en la obra West Side Story (1957), donde se traslada el drama de la antiquísima Verona hacia las calles de Nueva York en los años cincuenta. En esta representación, Bernstein toma el jazz y ritmos latinos como elemento que caracteriza a cada uno de los lado inmersos en el conflicto, creando un verdadero contraste para ambos lados. Esto se puede apreciar en el primer acto, cuando tanto los «Montescos» (adaptados como los Jets, una pandilla neoyorquina) y los «Capuletos» (representados por los Sharks, que son una pandilla compuesta por inmigrantes puertorriqueños) colisionan en temas como Mambo, una resemantización moderna de lo que sería la Danza de los Caballeros compuesta por Prokofiev. La música también se presenta como una suerte de personaje inserto en la obra, que indica y alarma al espectador atento sobre los fatídicos sucesos que acontecerán durante la obra por medio de leitmotifs que se repiten a lo largo de la producción, un ejemplo de ello son las tres notas que abren la obra propiamente en forma de silbido, las cuales representan el odio y el conflicto de la trama. Bernstein encuentra una manera ingeniosa de contar la historia dentro de la música, donde cada movimiento se complementa con la trama presentada en el escenario casi como un personaje más de la producción; esto causa un contraste importante de otros trabajos como el de Prokofiev o el de Tchaivkoski, los cuales tienen un propósito cinematográfico para acompañar y crear las escenas que toman lugar en el escenario.

    Aquí podemos hacer un paralelismo interesante acerca de distintos trabajos sacados de la misma fuente: tenemos casos como el de Tchaivkoski o Prokofiev que se encargan de honrar y adherirse al la estructura de acompañamiento orquestal sacado del teatro clásico, mostrando la magnitud trágica de la historia; luego está Leonard Bernstein, que traslada la trama y esboza, más que un relato de amor trágico, una narración sobre un conflicto externo que no tienen una resolución. Además, recientemente, encontramos la canción Exit Music (for a Film) de la banda británica Radiohead, compuesta para la banda sonora del filme Romeo + Julieta  en 1996, que suena en los créditos finales. Esta interpretación no se centra en lo grandioso y magnífico del amor juvenil, como lo hacen Tchaivkoski o Prokofiev, sino en lo agridulce que es toda la situación que viven los jóvenes protagonistas y en la resignación del romance imposible; no obstante hace un guiño a la raíz clásica de la historia usando un coro computarizado y la guitarra sintetizadora simulando el sonido de una orquesta de violines. Todas estas versiones convergen en el imaginario shakespereano de lo trágico y melodramático.

william_shakespeare.jpg    El espacio que creó Shakespeare en sus obras abre una brecha a todo un universo de posibilidades en el medio artístico, encontrando conexiones entre diferentes visiones y corrientes. Desde artistas influyentes de nuestra generación, como John Cale  de la banda The Velvet Underground con la canción Macbeth en 1973, hasta franquicias taquilleras del medio cinemático como Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004) con el tema Double Trouble compuesta por John Williams (que utiliza un extracto de la obra Macbeth). Lo que se puede decir de esta infinidad de versiones, adaptaciones y producciones es que se adhieren al espíritu de Shakespeare y la intención que tenía con sus trabajos: cautivar y sorprender a público por medio de las emociones, algo que ha perdurado de generación a generación, todas inspiradas por sus inolvidables historias.

Jade Báez.

Referencias bibliográficas: 

Gonzalez, A (2016, 1 de abril) Shakespeare: música y teatro. Agenda Cultural Alma Máter. Recuperado de  https://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/almamater/article/…/20779553 (p.22-23)

Conti, C (2014) La música de Shakespeare. Revista Diners. Recuperado de https://revistadiners.com.co/ocio/18491_la-musica-de-shakespeare/

Sideways (2019) West Side Story: An Unappreciated Masterpiece. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=aQlgiO29QT4&t=503s

 

 

 

 

 

 

 

Tomás Moro dentro de la política.

Nacido el 7 de febrero de 1478 en Londres, y fallecido el 6 de Julio de 1535 en esa misma ciudad, Tomás Moro se desempeñó como teólogo, escritor, traductor, poeta humanista, pensador y político. Se le suele recordar por su obra de mayor alcance y la que nos permite vincularlo, a simple vista, con la política: Utopía, la cual consta de dos partes y cuya primera publicación fue realizada en 1516. En esta se pueden encontrar diferentes reflexiones e ideales acerca de los problemas sociales y la manera en cómo deberían abordarse. De hecho, su nombre original, traducido del latín al español, es: Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía”.

En dicha obra, Moro expone un diálogo acerca de los temas políticos, civiles y económicos dentro de un contexto filosófico. Asimismo, da ciertos parámetros de sociedad ideal y de cómo se debe ir gestando esta para el beneficio de todos.

Según su visión, la perfección consistía en una república constituida por 54 ciudades-estado, además de una única capital; todo esto hallado en una isla. Asimismo, todas las ciudades se situarían de la misma forma y guardando distancias similares, tanto en extensión, como entre ellas.

Las mencionadas ciudades que nos expone poseerían diferentes granjas y casas en las cuales se encuentran los instrumentos que se deben emplear para la agricultura, labor que ejercería la mitad de los habitantes del lugar en periodos de dos años.

En cuanto a la estructura arquitectónica que plantea para su lugar ideal, formula la construcción de viviendas iguales con una puerta que salga hacia la calle y otra hacia un huerto.

La noción de política que Moro buscaba establecer a través de su utopía, consistía, básicamente, en una población cuyo sistema fuera el patriarcal y en donde, además, fuese elegido anualmente una autoridad por cada 30 familias.

En cuanto a su desempeño material dentro del plano político de su época, Tomás Moro perteneció al parlamento del año 1504. Además, fue electo como juez y subprefecto en su ciudad natal. En este transcurso, puso oposición a algunos de los planteamientos expuestos por el rey, y señor de Irlanda, Enrique VII. Una de  tales objeciones fue la de la petición de contribuciones a su reino. Por otra parte, con la aparición de Enrique VIII, Moro se incorporó al primer Parlamento que este convocó. Entre dicho rey y Moro surgió una amistad debido a que el poeta escribió un poema dedicado a este. El poema llegó a las manos de Enrique que, posteriormente, decide llamarlo.

Años después, en 1515, Tomás Moro, es enviado a Flandes con una embajada de comercio. Justamente durante este año, logra escribir el libro segundo de su obra Utopía para, luego de otro año, culminar la publicación.

En 1517, de manera oficial, Moro comienza a trabajar para el rey Enrique VIII, quien lo nombra con el título de Master of requests, pasando así a ser parte del Consejo de la realeza. De este modo, el rey, confiando en sus facultades diplomáticas, lo encomendó en varias ocasiones a misiones en diferentes países de Europa. Gracias a esto, se le fue dada la tarea de ir hasta Calais para solucionar distintos asuntos relacionados al mercantilismo y al llamado Motín de ese mismo año.

Como sabemos, la política de aquella época estaba estrechamente relacionada con la religión, es por esto que, durante el año 1520, Moro contribuyó con Enrique VIII para escribir la conocida como Defensa de los siete sacramentos. Dicha colaboración, le valió para hacerse con diferentes condecoraciones honorificas como la recibida en 1521 con el título de Caballero. Además de esto, se le otorgó la posición de vicecanciller del Tesoro.

Uno de los aspectos más relevantes de la vida política de Tomás Moro es el hecho de que, luego de residenciarse en Chelsea, defender la supremacía papal y tener la oportunidad de leer libros de herejía con el objeto de refutarlos, en 1529 fue designado como Lord Canciller, siendo así el primer sujeto laico, después de algunos siglos, en ocupar tal denominación.

Sus ideales en cuanto a la religión se siguieron viendo reflejados en la política de una forma, quizá, subversiva. En 1530, pues, se negó a firmar la carta de nobles y prelados que tenía como objetivo la anulación del matrimonio real. Tan solo dos años después, optó por retirarse de su puesto como canciller y, en 1534, vuelve a expresar su desacuerdo en cuanto a las acciones que se venían tomando, puesto que, ahora, se niega a firmar el acta de Supremacía que reproducía el rechazo a la supremacía papal. Debido a que dicha acta tenía como decreto la condena para aquellos que se negaran a aceptarla, Moro fue perseguido y encarcelado.

Moro, además, fue precursor en cuanto a la conocida Campaña contra la Reforma. Concibiendo la Reforma Protestante como una herejía que ponía en riesgo la posición de la iglesia y la sociedad, toma acciones tales como asistir al cardenal Wosley en el asunto de desechar aquellos libros de carácter luterano que llegaban de forma ilícita hasta Inglaterra. Asimismo, durante mucho tiempo se difundieron diferentes rumores acerca del posible maltrato que Tomás, en su labor de ministro, ordenaba contra los herejes, sin embargo, aunque él mismo negó todo esto, aceptó que los mantenía encerrados en su casa y que, según él, lo hacía para resguardarlos.

El mencionado cardenal Wosley, que a su vez servía como canciller, termina por fracasar en sus gestiones con Roma, y al retirarse del puesto, el 19 de octubre del año 1529, Moro toma su lugar como político solo algunos días más tarde. Este puesto lo ejerce hasta 1532 cuando renunció. A partir de aquí, comienza su declive, pues, como ya ha sido mencionado, es arrestado y encarcelado en la Torre de Londres en el año 1534 debido que fue tomado por traidor por el hecho de no querer aceptar el estado de jefe de Iglesias de Inglaterra que había sido adjudicado al rey y por el decreto de condena del Acta de Supremacía. Mientras estuvo encarcelado, vivió en condiciones paupérrimas que, a su vez, afectaron su condición física. Finalmente, fue sentenciado a muerte y decapitado en Tower Hill el 6 de julio de 1535.

A día de hoy, su figura como político sigue siendo de gran importancia dentro de la cultura popular, pues el 31 de octubre del año 2000, el Papa Juan Pablo II lo proclamó como santo patrón de los políticos y gobernantes.

Referencias Bibliográficas

https://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_Moro#Primeros_a%C3%B1os

https://es.wikipedia.org/wiki/Utop%C3%ADa_(Tom%C3%A1s_Moro)

https://www.nuevarevista.net/cultura-comunicacion/politica-y-poder-en-tomas-moro-honestidad-e-integridad/

https://blogs.ua.es/pensamientopoliticorenacentista/tag/tomas-moro/

Williams Linares

Erasmo y los nuevos locos

Erasmo Desiderio nace en los hoy países bajos, dentro de los límites de la ciudad que le servirá de epíteto toponímico, un 28 de octubre de 1466. El clérigo fue producto de una unión ilegitima  entre un hombre de Guda y su madre Margarita, hija de una familia acomodada. El padre funge como una suerte de figuración del futuro Erasmo, ya que en Roma, toma el hábito al creer que su querida ha muerto. Erasmo fue monaguillo hasta los nueve años, de ahí pasó a ser educado en Devantes. Se coloca el hábito en el monasterio de Itein, con tal de saciar su gusto por el estudio, que le granjeó la buena voluntad del obispo de Cambrais, que lo lleva a Roma. Desde allí consiguió ser enviado a París, en donde continuó cultivándose. Entre precariedades económicas y sanitarias, se ve forzado a dar clases privadas a un joven Inglés, que se convertirá  en su mecenas ⌈1⌉ . Este último le permite entrar en una cúpula distinguida, que con el tiempo, resulta fútil a las aspiraciones de Erasmo. Vuelve a al mediterráneo para conseguir el grado de doctor en teología en 1506, año en que coincide con la entrada del Papa Julio II a la  ciudad boloñesa. Es allí, dónde a causa de un desafortunado incidente indumentario⌈2⌉, escribe una carta al estado pontífice con el objeto de rescindir de sus votos. Desde este momento la vida de Erasmo pasa por un juego de idas y venidas entre el territorio anglosajón y el itálico. En una primera vuelta a Roma, Juan de Medicis le ofrece un cargo como escalón inicial de buena renta; sin embargo, el ex clérigo de Rotterdam  mantenía la esperanza de ascensión en el norte, especialmente con la coronación de Enrique VIII. Por lo que  deja Italia por segunda vez, y vuelve a Inglaterra tres años después del incidente boloñés. Es durante este periplo, que en la casa de su amigo Tomás Moro, escribe su Elogio. Sus aspiraciones anglosajonas quedan rebajadas a impartir lecciones en Oxford y Cambridge  a causa de la guerra franco – escocesa. Hizo las veces de gitano errante hasta el año 1521, cuando  se establece en Bala. El reconocimiento del genio de Erasmo, llega en gran medida gracias a Carlos I (luego Carlos V), que le nombra consejero y le entrega una pensión anual. Erasmo fue el centro de una disputa de cortes, ya que gozaba de simpatía mutua con Francisco I, que no pudo expresarse a cabalidad debido a la profunda lealtad de Desiderio para con su señor natural. Con la explosión de la reforma, su postura adquirió fuerza. En 1529 se enferma y retira a Firburgo. Desde allí establece correspondencia con Pablo III, que le pide defender  la religión atacada; también le ofrece posición y rentas en los 3000 ducados. El poco ambicioso y moribundo Erasmo, cuya única preocupación es culminar su existencia tranquilamente, rehúsa el regalo. Muere en la madrugada del 11 de Julio en el año 1536.

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Erasmo Desiderio de Rotterdam

El erasmismo es una corriente filosófica revisionista del sentir y sentido religioso, la institucionalidad de la fe y la deconstrucción de gran parte de los fenómenos de la existencia humana. En la obra, Erasmo crea la figura de un narrador ficticio; una imagen mítica y divina cuyo origen se remonta al estamento más recónditos de la civilización, la cultura clásica. La Locura se presenta frente a nosotros hecha voz y palabra, y se encarga de validarse mostrándonos su genealogía. Sus padres son Plutón y Noeotefea; sus criadas, las ninfas, representan una caleidoscópica cornucopia  de dotes de virtud y abyección. Luego de presentarse y asentarse en la mitología, inicia su disertación, que de una forma u otra puede ser resumida en una serie de máximas. La primera de estas trae a la palestra a la risa, una condición innata e irrefrenable, que para nuestra compañera locura, es el germen mismo de la existencia.

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Plutón

El trabajo de orfebrería dentro de la obra presenta un producto cuidado y limpio, en el que la utilización de recursos como la polarización, es uno de los pilares centrales. La locura presenta una realidad, y la disecciona hasta llegar a su centro elemental, exponiendo en este, a través de un juego paródico, la disyuntiva entre lo que entenderíamos por sanidad o cordura y el estado reivindicatorio de la locura, que luego de realizado el examen, parece ser el  más propicio a  procurar. De esta forma, expone al matrimonio como labor de la locura. El yugo, dolores de parto y las dificultades e ingratitudes de criar a un vástago son algunas de calamidades a las que el hombre se somete con tal de perpetuar dicha unión. Con tal panorama la sensata locura se pregunta “¿decidme en gracia que hombre querría someterse al yugo matrimonial si llegase a tener la prudencia de reflexionar sobre tal estado?” (Elogio a la Locura, 1506 página 50). La respuesta es clara, tan solo un loco podría abandonar la tranquilidad y ligereza de una vida de soltería y encuentros pueriles para atarse a un eterno vaivén de discusiones, molestias y penurias.  Así, la vida que proviene del matrimonio, es solo posible gracias a la inconsideración, y por tanto, a la locura. Es también el mantenimiento de este vínculo en el tiempo una labor suya. Solo a través del olvido es que hombre y mujer son capaces de sopesar diferencias, aventuras, errores y pasado. La locura se transforma en el eje central de la gracia de la vida, siempre en contraposición a la conocida cordura o sabiduría; nos  acompaña en la niñez, al llegar a la adultez, la más de veces nos arroba el maléfico dios de la erudición, es con este que vienen todos los pesares, de los que somos liberados en la vejez. La ancianidad es un nuevo estado de gozo e inocencia. La mal llamada demencia no es más que la vuelta al estado primordial, en que siendo visto de reojo por los cuerdos, el hombre se sume en un  estado de comunicación directa con lo celeste; su discurso es incomprensible  y se pierde en la fruición del olvido total. Erasmo continúa su exposición, este bien primordial es el encargado  de aligerar la existencia. El sabio se suicida, no puede soportar el conocimiento de todo lo corrupto; el atolondrado, lucha contra esta desde la ignorancia, mientras más cerca se encuentra de la parca, más vivo se siente; busca dar tinte a sus cenicientas grebas, unirse a una joven dama o restituir su dentadura. La belleza femenina es loca, esta máxima tiene aún más pertinencia en nuestros tiempos. ¿Cómo explicar tratamientos dérmico – cáusticos, tratamientos quirúrgicos con largas recuperaciones y regímenes de privación alimenticia  fuera del estado de insensata gracia?

 

Luego de atacar y reorganizar ampliamente la noción de cordura en los menesteres más carnales, se pasa a diseccionar el espacio público. El hombre cuerdo no debe ser gobernante, el mundo guiado por los filósofos de Platón no es más que una quimera vacua a los ojos de Erasmo. La erudición en el individuo solo genera opiniones personales, imposibles de adaptar a un conjunto mayor, y por tanto, inservibles. Son las fábulas y cuentos los que mejor recepción tienen en el pueblo llano. La sabiduría rompe con la naturaleza del hombre, cuya constitución son los errores y la ignorancia. El ser esta dado para la pasión y la alegría, que se pierde frente a posturas como la estoica, cuyo influjo petrifica al hombre: “su moral desnaturaliza al hombre, trocándole en una especie de divinidad que no fue ni podrá ser jamás (…) en una estatua inanimada.” (Página 97)  Otro enemigo del hombre es la ciencia, que en su elitismo y ansia de progreso, genera malestar, exceptuando aquellas que se arriman a la locura (nota 3. El hombre tiene dentro de si todo el saber natural necesario, basta con apegarse este. Antes de pasar al quid de la obra,  tal vez sea necesario aclarar un poco la terminología. Puede el hombre preguntarse ¿cómo es que realmente  esta locura tan patética, abyecta al progreso científico, olvidadiza y candorosa  sea el estado al que se debe aspirar? O también podría conjeturar ¿cómo es que se puede diferenciar entre la locura de Erasmo, que defiende como estado de bienestar, y la cordura que conocemos de siempre? La respuesta resulta sencilla en ambos casos: la primera pregunta no es del todo fidedigna, no se puede afirmar que la filosofía de Erasmo sea una búsqueda  de algún tipo de vuelta al desorden primigenio, a pesar de lo que pueda parecer en una primera lectura simplista. Las problemáticas no son expuestas con el fin de acabarlas, dejarlas a un lado y quedar en un estado de enajenación y comunicación idílico; lo que se busca es ridiculizar o satirizar dentro de una prosa matizada, los cánones y prácticas institucionalizadas,  para luego proponer, desde esa locura, la reconstrucción  de las mismas bajo un nuevo estandarte más efectivo e inclusivo. Así, se critica a las ciencias, y se las expone como elitistas y nocivas, para restituirlas en la Locura, que “es la que derrama su munificencia sobre todos los hombres sin distinción.” (Página 148). En cuanto a la segunda, podemos afirmar que no existe la cordura, sino dos clases de locura. La primera es hija de las furias vengadoras, genera la guerra, la sed de oro, parricidio, incesto y sacrilegio en el alma del malvado; mientras que la otra nace de la hija de Plutón. Es un delirio que depura las inquietudes de las almas y les da deleite. Si aún quedan dudas  en este último ítem, los remito al capítulo 38 del Elogio.

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Orestes y las furias

 

Los últimos derroteros por los que pasan Erasmo y su compañera insana, llevan hacia las dos cabezas del poder: el rey  y la iglesia. El monarca es un tema en el cual se adentra desde la periferia, a través de la figura del bufón. El loco de la corte, que alegra los días del rey, es aquel, que ante los ojos de Erasmo, puede aconsejar de forma adecuada y segura. El sabio es serio, tozudo y de verbo ponzoñoso; su crítica puede, por mejores intenciones que traiga, acarrearle fama de conspirador. La locura funciona como un agente de pacificación, que bajo el velo de  la irracionalidad, permite asestar críticas y consejos que serán oídos con gusto.. El rey es una figura adepta a locura. La ambición al trono es una empresa difícil anhelar cuando se analiza las responsabilidades con juicio. El rey loco, aquel que detente las verdaderas funciones, debe renunciar a sí mismo y abocarse a la fortuna pública; ceñirse a las leyes que decrete y aplique; ser responsable de su cúpula y ejemplo para el pueblo; cuidarse de las lisonjas y peligros que  acechan su fortuna. Entre este cúmulo de requisitos, los reyes no vivirían, por lo tanto, la locura los desembaraza de estos males, y los insta a actuar desde el polo opuesto. Así a la mayoría de reyes, locos de furia  les otorgan el “toisón de oro” y los visten con todas las prendas del virtuosismo, de forma tal que, “si llega a comparar toda esta ecsterioridad con sus prendas internas, estoy en que se avergonzara de su esplendidez y temerá que algún ladino ridiculice todo este empaque teatral.» (Página 202). Con respecto a la iglesia, Locura es clara. El problema inicia con el ansia erudita de los teólogos, que funciona como instrumento de empresas fútiles. La doctrina de San Pablo ya no basta, tener fe es una cosa impropia, lo realmente importante es saber qué es. El teólogo se centra en desenmarañar una cierta lógica científica dentro de la tradición,  las causas y los porqués de los elementos constituyentes de la tradición católica. Hay un esfuerzo por generar una taxonomía, dividir y clasificar. Se deja de lado la religiosidad de los apóstoles, guiada por una fe cándida y loca, y se adopta una quimérica y rígida. Expone luego su animadversión a las guerras santas y parodia como alternativa a estas, el envío de huestes teológicas Escotistas, que en la lucha de las sutilezas técnicas, traerán innumerables victorias frente al paganismo. Este contingente ilustrado se encarga de delimitar y encerrar el sentido religioso y hereje en el irrefrenable peso de un pronombre personal.  Unos fallan por saber mucho y otros por no saber nada. Los frailes compensan la ignorancia  con cantos y vestimentas ricas;  toman gran honor en la superioridad de sus órdenes, buscando diferenciarse unos a otros más que imitar a Jesús. En el juicio de este serán expuestos en sus faltas, de religiosidad ceremoniosa y vacía: “prometí la herencia de mi padre a las obras de fe y caridad, no á capuces, oracioncillas y abstinencias (…) vayan estos hombres más santos que yo al paraíso de Mahoma.” (Página 188). El fraile también falla en sus votos, rompe el secreto de confesión y usa el sermón  para vengarse de algún feligrés irritante.  Se vale de retórica y la erudición perifrástica para abigarrar sus sermones con afán pedantesco; censura a las críticas  y adula a aquellos que retribuyen en metal. Lo mejor es dejado para el final; el sumo pontífice recibe a la locura sin dejar que le bese el anillo. Tal joya presenta ya un problema ¡si tan solo los papas adoptaran esa locura de Jesucristo, esa postura que insta a la austeridad, el trabajo, el sacrificio y el desprenderse del mundo para el perdón de los pecados! La locura desnuda el desvió del camino, expone el brillo y la opulencia en la que están sumidas las santas figuras, que “si un solo grano de aquella sal de que habla el redentor, les dispertase, ¿á cual cruento despojo se verían reducidos?” (Página 206).  Es menester abocarse a los ejercicios de fe y dejar desvanecerse a la famélica  corte romana de banqueros, abogados, escribanos y copistas; se abandonó cualquier labor  que no sea suspender, atemorizar y ejercer el poder de Dios sobre los impíos. La sangre es el nuevo culto, verterla, la labor divina. Al malestar se suman  las maledicencias de los diezmos, que se cobran sin chistar.  Erasmo finaliza sin dar repasos, pero podemos entender que es un problema de fondo. El  Papa ignora, y espera que el cardenal haga la labor, este hace lo mismo con el obispo y este con fraile. En resumidas cuentas, el erasmismo trata de sintetizar una reforma en la que el rey obtenga una cierta autonomía y sea un servidor responsable del poder que le es legado. Por otro lado, la iglesia debe volver a humanizarse.  Responder a un sentido espiritual profundo que supere la erudición quimérica, yendo de la mano con una reforma de la ciencia teológica. Como resultado de este cambio, que debe ir ceñido a las enseñanzas de San Pablo, la figura pontificia debe desmitificarse, despojarse de la corte mercantil y volver a ocuparse del perdón de los pecados, la pedagogía de las escrituras y el concilio de las diferencias. Estos preceptos harán gran eco en el cambio propiciado por la reforma de Lutero.

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Juan XXII
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El anticristo o falso profeta

1 El joven Monjoie

2 Es confundido por cirujano de apestados debido a que usaba un escapulario blanco, es perseguido y apedreado como consecuencia.

Desiderio, E. (1506). Elogio de la Locura. Imprenta de José Tauló 1842. País: España.

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Figura femenina en el Renacimiento

Alrededor del siglo XIV surge en Europa una nueva época que denominan el renacimiento donde las artes, la ciencia y las letras sufren un cambio, las representaciones dentro de la misma también evolucionan. La figura femenina no escapa de estos acontecimientos y también se ve afectada, aunque diferente según la posición geográfica que exploremos, en este articulo nos centraremos en la figura femenina en el renacimiento italiano y español.

Mientras que en la edad media la sociedad era teocéntrica  aquí, en el renacimiento, será antropocéntrica y retornan al mundo clásico para construirla, de ahí el nombre del renacimiento: es el renacer de la época grecolatina. En política el modelo es el imperio romano, la unificación lingüística y legislativa, el poder absoluto de los monarcas. En materia económica se desarrolla la ciudades y burguesía, ligado a lo social y cultural, nace el mecenazgo como la famosa familia de los Médicis.

Virgen del Clavel, Leonardo Da Vinci

En España, el renacimiento tuvo lugar con la toma de granada por los reyes católicos y por tanto, la unificación del reino cristiano. El lugar de la mujer sigue siendo de sumisión y obediencia y por tanto su representación gira en torno al ideal de Virgen María  que se contrapone con la figura de Eva, la virtud frente al pecado. El ideal femenino es de perfección, pureza y castidad como la Virgen: esposa, madre y mujer perfecta, angelical. Este ideal se ve retratado en el libro “La perfecta casada” de Fray de León que data del año 1584, donde se plantea a la mujer entorno a quien es y cómo debe ser dentro de la familia, el matrimonio y la religión. Frases como: “Y demás de esto, si la casada no trabaja, ni se ocupa en lo que pertenece a su casa, ¿qué otros estudios o negocios tiene en que ocuparse?” y “Que es decir que ha de estudiar la mujer, no en empeñar a su marido y meterle en enojos y cuidados, sino en librarle de los y en serie perpetua causa de alegría y descanso” (de León, Luis; “La perfecta casada”, 1898) podemos apreciar que la mujer era retratada siempre en el ámbito privado, dedicada a su hogar y manteniendo las relaciones con su esposo en las mejores condiciones, es decir, se la valoraba como madre y ama de casa. En el mismo libro, Fray de León recomienda que las mujeres lean pero, de forma limitada y especifica autores como: Cicerón o  Séneca y con mucha insistencia la Biblia. El humanista Valenciano Luis vives retrata también en su libro “La educación de la mujer cristiana” las virtudes antes mencionadas, y determina el ideal femenino en contraposición con el masculino.

En esta época, suceda una “elevación” de la mujer cortesana pero, esta corriente europea (mayormente italiana) no consigue penetrar en España. Debido a que, la disciplina de la familia y las buenas costumbres que se predicaban desde el púlpito se imponían en el confesionario y se guardaban en la legislación.  La vida pública de la mujer era escasa y su posibilidad de tenerla era dentro de las prácticas religiosas.

Por otro lado, en la poesía de Garcilaso de la Vega nos encontramos con la figura de la mujer-ninfa o mujer-doncella aquella que es descrita como una diosa, el ideal femenino alcanza su máxima belleza en la juventud que es fugaz, recuperando la belleza armónica y simétrica típica del mundo clásico, como sucede en su soneto XXIII:

“En tanto que de rosa y d’azucena
se muestra la color de vuestro gesto
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
y en tanto que’l cabello, que’n la vena 
del oro se escogió con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce, desordena:”

Roland Béhar en su ensayo Garcilaso de la Vega o la sugestión  de la imagen dice respecto al principio de este soneto: “El primer cuarteto, después de la evocación de los colores, del «gesto» femenino y de la fuerza de la mirada, entreabre, desde el encanto de la descriptio puellæ, la visión cósmica de una presencia femenina capaz, con su sola presencia, de equilibrar los elementos.” La mujer es elevada y se deja confundir con los elementos de la naturaleza.

En España, destaca para esta época una escritora: Teresa de Cartagena autora de “Arboleda de los enfermos”. La obra tuvo tan alta calidad y elocuencia que las autoridades de la época la presentaron como obra de autor masculina bajo seudónimo femenino. Lo que entonces, llevo a la autora a escribir su segunda obra “Admiraçión operum Dey” donde defiende  la autoría de su primera obra y su derecho a escribir. Teresa de Cartagena consiente  la posición de la mujer ideal que se viene describiendo, la que está destinada a la esfera privada y labores domesticas pero, defiende el derecho de escritura como vía de comunicación y expresión.

Christine Pizan, British Library

En Italia, encontraremos que la mujer era vista con los mismos valores que en España respecto al ideal de ama de casa, esposa y mujer correcta, casta y perfecta, dedicada a los oficios domésticos, los hijos, la moral de la familia y su esposo. La educación que recibían, las de familia noble o burguesa, giraba en torno a materias del ámbito privado como: bordado, cocina, lectura, escritura, geografía y dibujo. Las lecturas que estas realizaban era  limitada y controlada o religiosa como la Biblia. A diferencia de Teresa de Cartagena, encontramos el caso de Christine de Pizan una filosofa, poeta y humanista italiana. Fue una mujer docta e ilustrada debido a su educación dentro de la corte francesa, gracias al trabajo de su padre quien quiso para su hija una educación amplia pero que por prejuicios de la madre de Christine tuvo que adaptarla a la educación que se esperaba de la mujer en eso tiempos. Aun así Christine, leyó vorazmente y en 1405 publica su primera obra “La ciudad de las damas” en la cual defiende temas como la inferioridad de la mujer, la justificación de la violación, el impedimento de la participación política y los matrimonios impuestos.

Reina de las cortesanas, Veronica Franco

Por otra parte, contraponiéndose al ideal de Virgen María tenemos a las mujeres cortesanas vinculadas con Eva, la mujer sensual y pecaminosa. Las mujeres cortesanas eran aquellas que tenían que valerse por medio de un trabajo, el de la prostitución en las clases nobles y aristócratas, para ello requerían de una educación que las permitiera entrar en el medio y no solo tener belleza. Por eso, su educación era más nivelada con la de los hombres. Se encontraban inmersas  en un mundo intelectual pero, también erótico y hedonista.

En las imágenes poéticas o literarias: “La mujer alcanzó, gracias a las idealizaciones de los escritores, un papel de gran prestigio en el imaginario colectivo, convirtiéndose en una pieza clave de la civilización cortesana.” (Pinto R, 1996). La idealización de la mujer es una que se ha venido trabajando o que ha progresado desde el Medioevo y prerrenacimiento italiano. La mujer en la retórica de la lírica cortesana es elevada y distante de perfección física y moral, llega a ser anónima. Desde la lírica trovadoresca hasta Dante la amada siempre esta oculta por un seudónimo, un velo simbólico o palabras claves cubren a la verdadera mujer. En Dante, se revela a su amada con el nombre de “Beatriz” y que hasta la contemporaneidad se encuentra en disputa si ese era su nombre real o si ella existió. Se presenta, en la Vita Nuova, de esta forma:

Muéstrase tan hermosa y recatada

la dama mía si un saludo ofrece

que toda lengua, trémula, enmudece

y los ojos se guardan la mirada.

Sigue su rumbo, de humildad nimbada

y al pasar ella su alabanza crece.

Desde los cielos descender parece

en virtud de un milagro presentada.

Tan amable resulta a quien la mira,

que por los ojos da un dulzor al seno

que no comprenderá quien no lo sienta.

Y hasta parece que su boca alienta

un hálito agradable, de amor lleno,

que va diciendo al corazón: “¡Suspira!”

Dante y Beatriz, Henry Holiday

Contemporáneo a Dante, el humanista Petrarca, también eleva la figura de la amada en su Cancionero, aparece como la imagen dominante en su corazón. La exaltación de la imagen de la amada aparece como eje transversal en todo el Cancionero y el rechazo que esta hace de sus atenciones. La amada es comparada con Narciso en algún soneto puesto que prefiere mirarse a ella que al poeta. En algunos poemas, Petrarca, coloca la imagen de la amada como una ilusión que lo lleva a la perdición y en otros, siguiendo el stilnovista, resalta que la belleza de la amada será su salvación y allí es donde eleva la imagen femenina como la salvadora. En el soneto CCLX Petrarca crea la imagen de la mujer como un ser celeste, un astro y que lo ha llenado de luz, parecido a lo que proponía el amor cortes con respecto a la mujer como luz de salvación:

Laura coronando a Petrarca

“Dos ojos en tal astro he contemplado

tan llenos de pudor y de dulzura,

en los cuales a Amor vi refugiado,

que a otra luz la desprecio por oscura.”

Por último, hallamos a Boccaccio que retrata en su obra “el Decamerón”  a la mujer mundana. La mujer en la obra de Boccaccio se encuentra alejada de las idealizaciones de la época, ya no vemos a la mujer angelical sino a una humana una mujer diferente a la que se predicaba en el Renacimiento. Dentro de la obra, la mujer tendrá cierta igualdad con respecto a los personajes masculinos en cuanto al amor, la libertada y la aventura. El tópico más repetido es el de la mujer ingeniosa, aquella que es bella y noble dama pero que gracias a su astucia e ingenio puede cometer muchos engaños. La mujer es retratada como rebelde, hermosa, ingeniosa y con una gran carga erótica. La mujer es a quien le escribe Boccaccio “El Decamerón”, aquellas capaces de amar y que como él han sufrido de amor y de allí que la amada de Boccaccio sea la reina de la jornada de los amores con finales felices. Boccaccio presta su voz a siete personajes femeninos para que expresen cuentos con la misma soltura que los personajes masculinos. El autor, también, escribe lo que él llama el primer tratado sobre mujeres de la historia. En “mujeres ilustres” se recolecta biografías de mujeres históricas y mitológicas.

Fiammetta, Gabriel Rossetti

Realizado por Elen Coelho

Bibliografía

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Garcilaso de la Vega (1996), Poesías castellanas completas, Castalia, Madrid.

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Vilar, M (Octubre, 2008). Concepciones de la imagen de la amada en el Cancionero de Petrarca. Primera Jornada de Lengua y Literatura «Estudios Teóricos e investigaciones en el Campo de las Ciencias del Lenguaje y la Literatura». Universidad Nacional de la Matanza, La Matanza, Buenos Aires.

Cristina de Pizán (1995), La ciudad de las damas. Ed. Siruela. Madrid.

Vidal Mónica (2010) Los espacios en la obra de Teresa de Cartagena [En línea]. IX Congreso Argentino de Hispanistas, 27 al 30 de abril de 2010, La Plata. El hispanismo ante el bicentenario. Disponible online.

Naranjo,J. La escritura femenina (I). Entre el Medioevo y el Renacimiento.( 20 de abril de 2017). Mito | Revista Cultural, nº.42. Disponible en: http://revistamito.com/la-escritura-femenina-i-medioevo-renacimiento/

Béhar,R. (2012). Garcilaso de la Vega o la sugestión de la imagen. En Criticón (Toulouse), 114, pp. 9-31.

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Pinto, R. (1996). La figura de la falsa modestia en Gaspara Stampa. Amor e identidad, PPU-Promociones y Publicaciones Universitarias, Barcelona, pp. 11-19. Disponible online.